La dependencia emocional del adulto

Miguel, no dejes la lonchera 

Manuela, ¿te vas a ir sin el libro azul? 

Santiago, ese tenedor está dañado 

Ana, te vas a caer si sigues corriendo 

Martín, cuidado con ese juguete, te vas a tropezar 

 

Muchas veces estamos todo el día tratando de proteger, cuidar y evitar que nuestro hijo asuma las consecuencias de sus decisiones, sin embargo, si miramos (y nos miramos) un poco más allá, y tratamos de entender qué hay detrás de esa compulsividad, podemos encontrar que ahí habita el miedo a no ser indispensables en la vida de ellos.  

 

Poder entender y reconocer esto, es una pildorita de liberación y de compromiso para empezar a permitir que ellos tomen decisiones, las asuman, las enfrenten y las resuelvan. Si desde pequeños los enseñamos a enfrentar pequeños conflictos, cuando crezcan podrán acertar o equivocarse en sus decisiones, pero serán sus decisiones no las de otro. Asumirán su vida, sus desafíos, sus logros y sus fracasos.  

 

En muchas ocasiones tu hijo no necesita un salvador, necesita un guía, un apoyo y un líder que le facilite el camino para tropezar, para caerse, para explicarle al profesor por qué no tiene el proyecto de casa, para recordar que no puede dejar su libro azul, para decidir si ese tenedor le sirve o no, en fin, para ser él y no tú, para soltar a mamá o papá y construirse él, para poder asumir el rol de su vida y llevarla por donde mejor se sienta.  

 

Da miedo no ser su piso, y no tener un espacio en sus decisiones, pero sabemos que eso no es así y que siempre estarás presente con tu ejemplo, tu liderazgo y tu respeto por permitirle ser y no obligarlo a estar siempre dependiendo de ti.  

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