¿Por qué? ¡Porque yo lo digo!

¿Te suena conocido? Esa frase la hemos escuchado muchas veces y normalmente la usamos cuando no tenemos más recursos, ni argumentos lógicos para tratar de ajustar una conducta a lo que necesitamos.  

Cuando no tenemos rutinas, hábitos y limites definidos, es más difícil manejar situaciones cotidianas que se pueden «salir de control”, es entonces cuando aparece el gigante “porque yo lo digo y punto” 

 

-Mamá por qué me tengo que comer eso / porque si 

-Mamá por qué me tengo que comer eso / porque ese es el acuerdo de la comida. ¿lo recuerdas? 

 

-Pero por qué no nos podemos ir ya al parque / porque no. Ya te lo he dicho. 

-Pero por qué no nos podemos ir ya al parque / Tú sabes que una vez recojas tus juguetes podremos salir, ese es nuestro acuerdo. Decide en qué momento nos podemos ir.  

 

Si quieres enseñar a tu hijo a utilizar argumentos y no la fuerza, dale el ejemplo. Ayúdalo a saber que con sus ideas, acuerdos y responsabilidades puede obtener resultados satisfactorios y no es necesario amenazar o utilizar la fuerza para alcanzar lo que quiere. 

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