Entrevistando a bebés | Reflexiones de un proceso

Por: Isabel Segovia Ospina, Gerente General de los Jardines Infantiles Origami

En Colombia los colegios privados a los que asisten niños y jóvenes de estratos altos tienden a ser referentes de calidad educativa. Normalmente ocupan los primeros puestos en los resultados de las pruebas Saber y sus modelos educativos se usan como ejemplo en instituciones que cuentan con menos recursos económicos y no se encuentran tan bien clasificadas en las pruebas. Con algunas excepciones, la mayoría forma bien a sus estudiantes y sus egresados salen preparados para continuar el camino educativo que escogen. Sin embargo, en muchos casos, esos resultados no se deben solo al trabajo pedagógico que realizan, sino a que seleccionan a los estudiantes que van a educar y si el proceso de elección falla, algunos seleccionados inicialmente no terminan su vida escolar en esa institución. Cómo no ser buenos: escogen a los mejores de los más afortunados, y si no se adaptan, los sacan.

El proceso de selección inicial es absurdo. En la mayoría de los casos, hacen exámenes de admisión a niños entre los 2 y los 5 años, en plena primera infancia. El futuro escolar del niño se define en un día en que de pronto tenía hambre, estaba enfermo, no había dormido bien, o simplemente, como es normal en esos años, donde es de suma importancia que se desarrollen a su propio ritmo, alguno de sus procesos no estaba tan avanzado como otro. Y lo peor, ¿quién le explica que fue rechazado porque según el colegio tiene una deficiencia que él no entiende ni debe entender? Me recuerda la absurda escena de La Vida es Bella, donde Guido Orefice (Benigni), cuando su hijo descubre con asombro que en una tienda no dejan entrar a judíos ni a perros, termina explicándole lo inexplicable, y lo logra seleccionando con el niño seres vivos que no les gustan, decidiendo entonces prohibirles a las arañas y a los visigodos la entrada a la librería de su propiedad.

Muchos colegios todavía no terminan de entender la importancia de la educación inicial para el óptimo desarrollo académico y personal de los niños. En la mayoría, el mal llamado preescolar, es el nivel menos importante y por eso todavía piensan que es lógico evaluar a los niños en esas edades para permitirles ingresar. Adicionalmente, para agravar la situación, la elección continúa a lo largo de la vida escolar. Si se equivocaron en la selección inicial (imposible no hacerlo), no asumen el compromiso que adquirieron de educar hasta el final a todos los niños escogidos, pues tienden a ser colegios que no se acomodan a las necesidades de sus estudiantes.

Claramente esta es una generalidad; muchos colegios han evolucionado, ya no tienen procesos de selección, cuentan con excelentes programas de educación inicial y están comprometidos con la retención escolar. Sin embargo, el llamado es para que los colegios y los padres de familia reflexionen sobre cómo escogen a los unos y a los otros. Lo ideal sería que los elegidos fueran las familias y que los colegios asumieran el reto de educar durante toda su etapa escolar a sus hijos, sin conocerlos previamente, seleccionarlos, ni excluirlos cuando parecen alejarse del camino diseñado por ellos. Así, estas instituciones demostrarían que sus metodologías pedagógicas son efectivamente excelentes y que su éxito no radica en sus procesos de selección, ni en sus políticas de exclusión.

4 comentarios en “Entrevistando a bebés | Reflexiones de un proceso

  1. Totalmente de acuerdo con el artículo; desafortunadamente nosotros los padres de familia, somos quienes indirectamente, alimentamos las dinámicas utilizadas por los colegios; justificamos esos comportamientos discriminatorios, en pro de brindar una “excelente” educación a nuestros hijos; caemos en los estigmas, el que no encaja, en lugar de convertirse en un reto para la institución, sencillamente, sale del “sistema”; que lástima que no se fomente la diversidad, el mundo se trata de ser recursivos, de ser solucionadores y de ser tan empáticos y eficientes, trabajando incluso, con personas que no tienen el rendimiento esperado, pero que tienen otro tipo de habilidades que complementan las actividades. Si un niño no es brillante en x ó y tema, puede aprender de otros, puede aportar otras características y equilibra la balanza. De eso se trata la vida, de encontrar lo valioso en medio del caos y si seguimos educando personas en serie…cómo seremos innovadores?

    1. Hola Natalia, un cambio en la actitud por parte de nosotros hacia las exigencias de los colegios haría una gran diferencia. Es claro, que esos cambios de paradigma toman tiempo, pero entre más pronto comencemos mejor. La metáfora de la balanza para describir las habilidades es muy oportuna, porque sin importar si somos niños o adultos nuestras fortalezas y debilidades cambian según el momento. Por eso debemos seguir trabajando por una educación que busque no solo el desarrollo de habilidades, sino la capacidad de tener una vida con propósito, que nos mueva permanentemente hacia la realización personal.

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