Cómo conectarnos con los niños con firmeza y amabilidad

La buena crianza de un niño es un concepto que viene acompañado usualmente de una definición errónea de instaurar disciplina mediante métodos de fuerza para corregir.

Es muy común escuchar frases que hacen referencia a lo difícil que es educar en esta época y de cómo ante un hecho de “grosería inminente”, la familia ha entrado en la dinámica de pegar, gritar y castigar a los más pequeños.

Se suele argumentar que una palmada no le hace daño a nadie, pero esas palmadas son desaconsejables, porque humillan al niño, bajan de manera significativa la autoestima y lo más grave es que le proporcionan al niño un modelo a imitar que perjudica a sus más cercanos.

Estos correctivos no enseñan, no hacen reflexionar, y no dan la oportunidad de volver a empezar para hacer las cosas bien. Siempre la violencia engendra más violencia y se termina obedeciendo por temor y sin comprender el valor real de los propios actos.

Así, se rompe la conexión entre padres e hijos y, ya en ese punto, guiar la familia se vuelve una tarea casi imposible. Lo cierto es que para manejar el comportamiento de nuestros hijos, necesitamos aprender a controlar nuestras reacciones y aproximaciones a sus actos.

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El control de las emociones del adulto

Este aprendizaje se da en ambientes serenos, amigables, llenos de experiencias por descubrir, con adultos tranquilos y en control de las situaciones de los niños. Para lograr que nuestra crianza sea respetuosa y empática necesitamos revisar algunos temas con respecto a nosotros mismos:

  1. Asegurarnos de sentirnos estructuralmente bien. Revisar -día a día- que nuestras necesidades estén siendo cubiertas de manera efectiva. Somos testigos de que los desgastes más grandes vienen cuando nos sentimos muy cansados o  enfermos.
  1. Aprender y detectar aquellas cosas que nos hacen reaccionar de la manera que no esperamos. El desorden, los gritos, el llanto, pueden ser detonantes para que nos salgamos de casillas y terminemos desahogando nuestras frustraciones por medio de palmadas y pellizcos. Estos comportamientos producen un efecto contrario para la educación de los niños. Encontrar estos estímulos desencadenantes de reacciones fuertes por nuestra parte, nos hará conocernos mejor y entrar en control de las situaciones.
  1. Recordar que las emociones nublan usualmente el juicio. Cuando nos encontramos con una carga emocional muy intensa, perdemos la objetividad y vemos las cosas de una manera distorsionada, esto hace que reaccionemos de manera desproporcionada.
  1. Tener en cuenta siempre que los comportamiento de los niños tienen motivaciones distintas a las de los adultos. Estas responden a procesos de desarrollo y conocimiento únicos e irrepetibles.

Entendiendo las motivaciones de nuestros hijos

Cuando un niño pequeño desordena un cajón sacando todo lo que hay dentro,  sale a gatear por toda la casa o se quita la ropa constantemente, no está queriendo molestar a mamá y a papá, lo que el niño naturalmente hace con estas acciones es explorar, descubrir y aprender.  El adulto deberá en estos casos ser una guía que lo ayude a recoger cuando haya terminado, que lo acompañe a jugar, que le de sentido a sus acciones.  Los niños piden tiempo exclusivo a sus padres.

De esta forma, ¿qué podemos hacer una vez identifiquemos nuestras debilidades para conectarnos con nuestros hijos de manera efectiva?

En primer lugar, adecuar nuestro hogar para que el niño pueda explorarlo tranquilamente puede ser una de las mejores herramientas de crianza. Dejar un estante listo para ser explorado con ollas y material real (no juguetes) puede convertirse en una tarde llena de paz y de concentración por parte del niño.

Conozca nuestros jardines infantiles

Hacernos un par de preguntas antes de reaccionar ante un aparente “mal comportamiento”, puede evitar que reaccionemos bruscamente.  Debemos asegurarnos de que las necesidades básicas de hambre, sueño y pañal seco están cubiertas. Una vez descartamos que se trata de una incomodidad o dolor físico, proseguimos a preguntarnos si el problema es de comunicación. Nada frustra más a un niño que el no poderse comunicar.

Algunas recomendaciones para redireccionar un comportamiento

Estos recomendaciones ayudarán sin necesidad de perder el control de la situación:

  1. Establezca contacto visual. Para comunicarse lo primero que se necesita es una conexión que solo se logra cuando los ojos están en sintonía.
  2. Para hablarle al niño agáchese a su nivel. Cuando hablamos desde el mismo nivel, el niño establece empatía y deja de sentir que le habla a un “gigante” estableciendo esa conexión que necesitamos para poder sacarlo del estado de “desobediencia”.
  3. Procure crear alternativas para la palabra “no”. Esto quiere decir que se acostumbre a hablar en positivo al niño. En lugar de decirle “no puedes comer postre ahora” puede decirle: “cuándo te comas la cena entonces te daré el postre”. Observar si lo que quiere es lo que necesita o si solo es un deseo caprichoso.
  4. Cambiar de aire. Salir del lugar donde se encuentra hacia un lugar diferente puede desviar la atención del niño y bajar su nivel de ansiedad.
  5. Sea coherente. Muchos niños no obedecen, porque saben que los padres hacen todo lo contrario de lo que exigen. Piden al niño no usar el celular y luego pasan toda la cena viéndolo sin compartir con los demás miembros de casa.
  6. Establezca pocos límites y muy claros. Cuando hay demasiadas reglas, los niños tienden a olvidarlas y todo se puede volver un caos. El niño no estará seguro de cuáles son los límites.
  7. Procure no subir la voz ni perder la compostura. Generalmente, una vez se traspasa ese límite, la rabia se torna imparable y cometemos muchos errores en nombre de la ira.
  8. Cultive el buen humor. El buen humor es el mejor aliado para educar. Convertir aparentes tragedias en comedias puede distensionar las situaciones y otorgarles su verdadero valor.

 

4 comentarios en “Cómo conectarnos con los niños con firmeza y amabilidad

  1. Gracias por ayudarnos a que los papas seamos mejores en la crianza de nuestros pequeños, no es fácil pero estos tips nos ayudan mucho a como actuar frente a ciertas situaciones que pasan a diario en nuestro entorno, muchas veces creemos que lo estamos haciendo de la mejor manera porque así lo vivimos pero los tiempos cambian y está en nosotros también cambiar para lograr que este mundo sea mejor y esto lo lograremos a través de nuestros hijos.

    1. Estamos de acuerdo Paola, la crianza es un proceso exigente que demanda de las familias mucha compresión. En este proceso desde Origami le damos contención y apoyo a las familias. Porque sabemos que lo que más necesitan los niños son padres y madres felices, con la disposición para brindar el cuidado y el afecto que los niños necesitan para alcanzar su desarrollo integral. Por favor cuéntanos que temas te gustaría que abordáramos en el futuro. Feliz día.

  2. Buenas tardes…
    Muy interesante ser padres no es fácil pero es lo mejor que nos puede suceder al tener un hijo.
    El reto es muy grande cada día y debemos aprender de ellos de su amor incondicional de sus risas y también de su llanto.
    Cuándo decidimos tener un hijo es para AMARLOS por toda la vida y respetarlo.

    1. Hola Juliana, ser padres es una experiencia que nos cambia la vida, nos llena de muchas alegrías pero naturalmente no está libre de frustraciones. En medio de esto cada familia aprenderá a interpretar las necesidades de sus hijos y propias según el contexto. Desde los Jardines Infantiles Origami queremos motivar a las familias a que descubran su propio ritmo, en donde se privilegia una relación gana a gana. Juliana si quieres que habláramos de algún tema en particular, déjanos saber por favor.

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